Puente de derechos y memorias: la presidencia de María Dolores González Saravia y los pueblos originarios de la CDMX

Puente de derechos y memorias: la presidencia de María Dolores González Saravia y los pueblos originarios de la CDMX

Junta Pacayeliztli de Saberes Tradicionales

México Tenochtitlán, México Tlatelolco – Tlahuac

La designación de la Dra. María Dolores González Saravia al frente de la Comisión de Derechos Humanos de la Ciudad de México representa un faro de esperanza para los pueblos originarios de la capital. En un entorno urbano que crece sin pausa, donde comunidades indígenas, afrodescendientes y barrios originarios enfrentan la invisibilidad estructural, su nombramiento puede marcar un cambio de rumbo: no sólo prometer derechos, sino articularlos desde el reconocimiento histórico.

Desde su formación académica hasta sus años de formación en mediación y transformación de conflictos, González Saravia ha desarrollado una sensibilidad especial hacia las realidades de los grupos históricamente marginados. Su labor en la organización SERAPAZ le permitió entrar en territorio social y comunitario, lejos de los despachos, entendiendo que la defensa de los derechos de los pueblos indígenas no se reduce a la emisión de recomendaciones, sino al reconocimiento, la participación y el acompañamiento.

Para los pueblos originarios de la Ciudad de México –que han visto cómo la expansión urbana, la gentrificación de barrios patrimoniales y la falta de mecanismos efectivos de consulta restringen sus derechos culturales, territoriales y sociales– su presidencia abre una nueva ventana. Su plan de trabajo incluye explícitamente el fortalecimiento de derechos de pueblos indígenas y barrios originarios: eso significa articular la atención de la CDHCDMX con la cultura, la memoria y la voz propia de estas comunidades. Esto es relevante ya que los derechos de los pueblos originarios de Cd de México, los que dieron nombre a nuestro país y que hay dado luz sobre la cultura a los pueblos del mundo, siguen siendo discriminados en Ciudad de México y muchos manifiestan recibir maltrato, política de puertas cerradas y bloqueo por la Secretaría de Pueblos Originarios y Comunidades Residentes, SEPI, a la que se ha acusado de corrupción y de aglutinar solamente a vendedores ambulantes que.pagan derecho de piso y de favorecer únicamente a indígenas migrantes mientras que se discrimina a los pueblos originarios de Cd de México y se les margina desde hace años. De hecho ni siquiera se reconoce a Mexico Tenochtitlán y a Mexico Tlatelolco formal y adecuadamente como pueblos originaros de México, aunque parezca absurdo.

El enfoque de construcción de paz y mediación que propone también adquiere relevancia en este contexto. No se trata únicamente de sancionar las violaciones, sino de transformar los conflictos. Las comunidades indígenas capitalinas requieren que la institución actúe como interlocutora real, que genere espacios de diálogo con ellas y garantice que sus reivindicaciones sean escuchadas con profundidad, más allá de los protocolos estándar. Su trayectoria en procesos de transformación positiva de conflictos la sitúa como una figura adecuada para asumir este reto.

La relevancia de su nombramiento para los pueblos originarios de la Ciudad de México también radica en la posibilidad de visibilizar los vínculos entre derechos humanos, territorio, cultura y ciudad. Su presidencia puede impulsar mecanismos de atención diferenciada para barrios originarios, fortalecer mecanismos de participación ciudadana auténtica, y demandar al Estado capitalino que incorpore las voces indígenas en políticas urbanas, de vivienda y ambientales. En este sentido, González Saravia tiene ante sí una oportunidad para resignificar juntos la noción de “ciudad” desde sus poblaciones originarias.

La credibilidad que trae consigo –por ser alguien que ha trabajado desde la sociedad civil, sin vínculo partidista evidente— es clave para generar confianza. La presencia de voces indígenas en el proceso de la CDHCDMX podrá fortalecer no solo la institucionalidad, sino la democratización del acceso a la justicia. Si este mandato se convierte en acción concreta, podremos hablar de un modelo replicable: una comisión de derechos humanos que no solo atiende quejas, sino que también construye desde abajo.

En conclusión, la llegada de González Saravia al frente de la CDHCDMX es una señal para los pueblos originarios de que su voz importa, que su historia tiene lugar en la ciudad y que los derechos colectivos pueden dejar de ser letra muerta. De la mano de su enfoque de mediación, de paz y de institucionalidad cercana, los barrios originarios pueden vislumbrar un futuro con mayor reconocimiento, participación y protección. La verdadera prueba será traducir buenas intenciones en políticas concretas y procesos reales de inclusión. Pero, con su liderazgo, se abre un camino esperanzador hacia una Ciudad de México donde la pluralidad y el derecho a existir sean el fundamento de la vida urbana.

La Dra. Dolores Gonzalez Saravia después de su nombramiento como Presidenta de la Comisión de Derechos Humanos de Cd de Méico, enfrente del Congreso de la Ciudad